
Al principio me asusté. Pegué un brinco y nos reímos, ellos y yo. La señora abría bolsas sentada a lo indio dentro del contendor de basura y le pasaba al marido, que mantenía la puerta abierta, los restos putrefactos de lo que quisiera ser comida. Yo abrí la puerta del otro lado y deposité mi bolsa. No había andado sino tres pasos de regreso a mi casa, cuando tomé conciencia de lo que había visto. me invadió un tremendo malestar, mi ánimo decayó, solté unos cuantos improperios: "Puto país".....
No eran indigentes. Eran personas como tú y como yo.....
¿Qué podríamos hacer? Mi mujer no respondió, pero se llevó a la calle una bolsa con leche y galletas. Por desgracia, habían desaparecido.
Amigos: lo había oído en disintos círculos y medios. Sabía que estas cosas pasaban, pero verlo desde tan cerca y en directo, me impresionó.
No quiero hacer valoraciones políticas, que podría. Pero no cabe duda, de que es muy triste que esto suceda y no sea noticia día tras día y en portada.