miércoles, 10 de abril de 2013

Malos tiempos

-Madre, no puedo dormir, hace frío.
-Acércate hijo, deja que mi brazo te abrigue.
Y se acerca.
Y la tos ruge en el pecho del niño.
Y redoblan los dientes en la boca de la madre.
Y los harapos no son suficientes...
Rompe el día, y gruñen las tripas.

lunes, 1 de abril de 2013

Déjate de panocho


Era la falta de letras, era un analfabetismo llevado al extremo, era un no haber salido en la vida de un pedazo de terruño lo que hacía que nuestros paisanos de la huerta hablaran de esa forma. No estoy en contra, muy al contrario, de que se incluyan en nuestro habla sustantivos y adjetivos tales como arcancil para denominar a la alcachofa o bajoca a la judía verde o pava a la coliflor, incluso me encanta cuando oigo que llaman bardomera a todo ese trajín de brozas que arrastran los ríos, pero amigos y paisanos cuando  al boniato le dicen moniato, eso es que no supieron nunca decirlo bien o cuando meten el semos por el somos, eso es por idéntica razón; y no digamos cuando a la primera del plural de los pretéritos le colocan la "e" donde debe ser una "a", trabajemos, descansemos, coloquemos... Todo eso y mucho más no era la génesis de una lengua, eso era, lo es y lo será, no hablar bien. Mi padre que el 22 de este mes de abril haría cien años si no se me hubiera muerto hace trece, contaba porque lo había vivido, que los churubitos de la ciudad reían por lo bajini en presencia del huertano y soltaban fuertes carcajadas cuando se había ido, recordando las jaculatorias que el incauto acababa de soltar por su boca. Y mira por dónde, del origen de esas risotadas, se da paso al famoso "panocho". Valgan pues, esos bandos panochos como cantos y poemarios graciosos y que existan diccionarios que recojan sus vocablos y significados, pero que quede ahí la cosa. Nuestros diálogos y discursos, deben ser en cristiano y entendamos para siempre nuestro dialecto murciano como esa forma peculiar que tiene nuestra fonética para hacer como nadie los plurales gramaticales sin decir ni una "s" o pedir un café con una miajica de leche diciendo "niño, ponme un cortao". 

Luego decimos "pijo" en presencia de menores y nos chistan para que rectifiquemos nuestro proceder.