lunes, 17 de marzo de 2014

La Ventanica de Ojós

Sólo ver su cabeza, asusta. Varias veces he visto aparecer a ese pequeño dragón que asoma tímidamente su cuerpo para tomar el sol. Desconozco la longitud de su cola, pues nunca la vi. No parece valiente, pero da miedo. Su vida transcurre bajo una pequeña roca a la mitad del recorrido entre Blanca y Ricote, en el camino de la Ventaníca de Ojós.
En el paraje de Buyla, junto al embalse de Blanca, comienza la ascensión por un sendero que antaño era utilizado por arrieros que portaban sus frutas y verduras o las labores hechas con el abundante esparto de la zona, para venderlas en el mercado cuando tocaba. Todo está rodeado por pinos de la variedad carrasco y esparragueras cuyo fruto es esquilmado por aquellos que de vez en cuando seguimos este itinerario No es una ascensión demasiado dura ni siquiera larga. Veinte minutos serán suficientes para alcanzar una explanada en la que poder reponer fuerzas. Si tenemos suerte veremos a nuestro amigo el lagarto, que pardo y ceniciento quiere confundirse con las tonalidades del terreno. La vista alcanza a las poblaciones de Abarán, incluso Cieza y más cerca el embalse que como un lago natural, otorga al lugar una belleza singular. En lo alto, veremos el Pico de los Almeces en la Serranía de Ricote a más de mil metros de altura, nosotros no subiremos más de quinientos. Una hora después, siguiendo el sendero adecuado, pasaremos bajo la Ventanica de Ojós construida únicamente por la naturaleza. Se trata de un capricho de la roca que para ponerse guapa, deja una hendidura ojival que permite el paso a través de ella. Ya no falta mucho para llegar a Ricote. Unos minutos más y llegaremos. Primero alcanzaremos un mirador que nos asoma al valle y luego se abrirá ante nosotros el último reducto árabe de la comarca. Nos queda visitar la localidad, si queremos, y después volver por el mismo lugar reviviendo ese paisaje lleno de contrastes.

jueves, 13 de marzo de 2014

Comerlo aquí


            Pocas cosas hay en este mundo que pierdan con el paso de un corto espacio de tiempo las bondades sabrosas como las de un pastel de carne murciano. Muchos sabréis de que hablo y pensaréis de igual forma que yo. Más de un foráneo cuenta que al probar semejante delicia en esta tierra, ha portado insignes cantidades de este manjar con el ánimo de compartirlo con familia y amigos con resultado catastrófico. Vamos, a pique de que se los tiraran a la cara. Y es que hay que venir a Murcia y comerlo aquí. Por supuesto regado con mucha cerveza Estrella de Levante. Extraordinario.