La noche era fría, pero aún lo parecía más, como
consecuencia de que Rubén es persona sana y de piel resistente a las
inclementes y gélidas noches. Nos recibió quitándose su chaqueta y dejando al aíre
sus anchos brazos angostados por las cortas mangas de una camiseta regalo de su
guapa esposa, de las que “Colectivo Iletrados” en su día diera orden de serigrafiar
con la efigie de Jorge Luis Borges. Daba frío verlo.
Rubén Castillo y Francisco López Mengual, dejarían que fuera Jaime Parra, el editor de “Galatea de las esferas” , quien
iniciara la exposición y concluyera anunciando que la edición de esta obra le
llenaba de orgullo, así como que gustaba de fomentar a autores de esta región.
Sería López Mengual quien con su humor característico, arrancara
en más de una ocasión las risas de los asistentes, presentando el libro de su
amigo con tono burlón caricaturizando las excelencias de Rubén, que cómplice, también reía.
Valga como ejemplo las numerosas alusiones a su año de nacimiento, sobre lo que
terminó cediendo y concluyendo que efectivamente era portador de “una avanzada edad”; o hacer mofa de la cantidad
de obras escritas en tan poco tiempo. (Este
es su libro número trece)
El propio Rubén Castillo explicaría los motivos que le
llevaron a escribir “Galatea de las esferas” y haría un recorrido breve de la
obra. Dijo no tener nada que ver con los desequilibrios del protagonista, pero a través de las preguntas de
los concurrentes, fuimos descubriendo que en realidad existían ciertas
similitudes entre ambos.
Os aseguro que aquello no fue una presentación al uso de un
libro, sino una reunión de amigos, en la que se gozó con los discursos primero
y con las preguntas y respuestas después.
Y la cosa no terminó ahí. A continuación fuimos muchos los
que animados por la velada (autor incluido), nos desplazamos en romería a un
sitio de esos que tienen cerveza fría y sustancias que matan el hambre, y allí
nos despachamos.
Además, yo tuve la suerte de conocer a unas cuantas
señoritas, a cual de ellas más bella, que tienen ese raro pasatiempos de leer
con voracidad y sacarle las entrañas a los textos que en suerte toca leer.
En resumen fue una noche en la que las letras mezcladas con
risas y alegría dieron como resultado un cúmulo de caricias de satisfacción.