martes, 21 de enero de 2014

La botella

La botella yacía tumbada en el suelo de aquella cocina de campaña. No le restaba ni gota.
Eso nos dijo su titular a mi amigo Vicente Contreras y al que lo cuenta. Pero esa conversación no fluyó de su boca sino unos días después del descubrimiento. Sus sospechas eran fundadas: la botella no se cayó sola, alguien la colocó allí simulando un accidente. Aún así, no le hubiera causado un gran malestar, si no fuera porque la falta de brandy  le impedía fabricarse su "Belmonte"* habitual. El caso es que un rictus de cinismo se posó en nuestras caras y con una leve sonrisa aducimos no saber de que se nos hablaba, lo que derivó en una risotada general de todos los presentes.
Recuerdo que aquella tarde de verano tornó el calor en sueño, y no fue por aburrimiento, Vicente y yo jamás nos hemos aburrido; "tal vez" fuera por haber dado fin a una botella de 501 a la que tan solo le faltaba un buchito para estar completa.
Hoy, que las vueltas de la vida hace que aquel grupo de amigos nos veamos muy de tarde en tarde, nos reímos notablemente rememorando aquel momento vivido veinte años atrás.

* En Murcia, café, leche condensada y brandy.

jueves, 16 de enero de 2014

El Gorguel, esa tierra yerma

Hay quien vive solamente mirando al cielo, contando nubes o adivinando sus formas, pero lo habitual es que el ser humano, tal y como está planteada la vida de los últimos siglos, tenga que buscar las habichuelas y el pan con el sudor de su frente. Éste es el sistema en el que nos ha tocado vivir, claro que luego están aquéllos que no lo aceptan y que viven gracias a los que sí lo aceptamos. 
Este hecho empírico de que es necesario trabajar para vivir, nos lleva a la conclusión de que para ello hay que tener trabajo, algo que últimamente escasea. Pues bien, a veces la vida ofrece oportunidades: en esta ocasión es que algunas empresas poderosas, se han fijado en El Gorguel para construir un gran puerto marítimo de mercancías al que los expertos auguran un esplendoroso futuro, que sin duda, podría levantar la olla de muchas familias, hoy hambrientas.
Parece ser, según dicen expertos de otro tipo, que el desarrollo de semejante emporio, llevaría a la destrucción de parte del ecosistema actual de la zona, hecho que me disgusta como al que más, poniendo por delante que soy un firme defensor de la naturaleza, pero hay que ser congruente, y en este caso lo congruente es dar de comer al hambriento, mal que me pese y evitar que todo ese patrimonio se genere en otros lugares, haciendo que esto sólo sea el paraíso de un nutrido grupo de vejestorios cuya riqueza proviene de oportunidades que aquí dejamos pasar. 
Lo que no quiero dejar pasar es la ocasión sin decir que el profundo deterioro de El Gorguel y el de otras costas próximas, se llevó a cabo muchos años antes, con los millones de toneladas de detritos, vertidos al mar por las empresas mineras.
En resumen: hágase, con vigilancia pero hágase.

martes, 14 de enero de 2014

Vueltas y vueltas

Muy bien explicado Sr. Vega, pero cuando las rotondas tienen un montón de carriles, y más de cuatro salidas, y sobre todo cuando están reguladas por semáforos; a pesar de que la norma es exactamente igual, no resulta tan fácil. Si un conductor se encuentra en el anillo interior y tiene dudas de cual es su salida, puede morir de inanición mientras va saltando de un semáforo rojo a otro. Las rotondas fueron inventadas para agilizar el tráfico sin necesidad de semáforos, y si no haber dejado los cruces tal y como estaban. Además, en mi opinión sólo deberían existir rotondas de dos carriles y cuatro salidas, lo demás son trampas y cepos en los que todos los conductores nos hemos llevado más de un susto.