La botella yacía tumbada en el suelo de aquella cocina de campaña. No le restaba ni gota.
Eso nos dijo su titular a mi amigo Vicente Contreras y al que lo cuenta. Pero esa conversación no fluyó de su boca sino unos días después del descubrimiento. Sus sospechas eran fundadas: la botella no se cayó sola, alguien la colocó allí simulando un accidente. Aún así, no le hubiera causado un gran malestar, si no fuera porque la falta de brandy le impedía fabricarse su "Belmonte"* habitual. El caso es que un rictus de cinismo se posó en nuestras caras y con una leve sonrisa aducimos no saber de que se nos hablaba, lo que derivó en una risotada general de todos los presentes.
Recuerdo que aquella tarde de verano tornó el calor en sueño, y no fue por aburrimiento, Vicente y yo jamás nos hemos aburrido; "tal vez" fuera por haber dado fin a una botella de 501 a la que tan solo le faltaba un buchito para estar completa.
Hoy, que las vueltas de la vida hace que aquel grupo de amigos nos veamos muy de tarde en tarde, nos reímos notablemente rememorando aquel momento vivido veinte años atrás.
* En Murcia, café, leche condensada y brandy.

