Hay quien vive solamente mirando al cielo, contando nubes o adivinando sus formas, pero lo habitual es que el ser humano, tal y como está planteada la vida de los últimos siglos, tenga que buscar las habichuelas y el pan con el sudor de su frente. Éste es el sistema en el que nos ha tocado vivir, claro que luego están aquéllos que no lo aceptan y que viven gracias a los que sí lo aceptamos.
Este hecho empírico de que es necesario trabajar para vivir, nos lleva a la conclusión de que para ello hay que tener trabajo, algo que últimamente escasea. Pues bien, a veces la vida ofrece oportunidades: en esta ocasión es que algunas empresas poderosas, se han fijado en El Gorguel para construir un gran puerto marítimo de mercancías al que los expertos auguran un esplendoroso futuro, que sin duda, podría levantar la olla de muchas familias, hoy hambrientas.
Parece ser, según dicen expertos de otro tipo, que el desarrollo de semejante emporio, llevaría a la destrucción de parte del ecosistema actual de la zona, hecho que me disgusta como al que más, poniendo por delante que soy un firme defensor de la naturaleza, pero hay que ser congruente, y en este caso lo congruente es dar de comer al hambriento, mal que me pese y evitar que todo ese patrimonio se genere en otros lugares, haciendo que esto sólo sea el paraíso de un nutrido grupo de vejestorios cuya riqueza proviene de oportunidades que aquí dejamos pasar.
Lo que no quiero dejar pasar es la ocasión sin decir que el profundo deterioro de El Gorguel y el de otras costas próximas, se llevó a cabo muchos años antes, con los millones de toneladas de detritos, vertidos al mar por las empresas mineras.
En resumen: hágase, con vigilancia pero hágase.

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