viernes, 5 de octubre de 2018

Síndrome


Allí no había ni una gota de alcohol, Cuando más necesitaba una copa no podía conseguirla.

Cabezas idas, miradas inquisitivas pero vacías, mentes rotas...  Una vez sobrio no me sentía como ellos, yo sólo necesitaba una maldita copa.

Aquel aciago día mi esposa dormía cuando llegué a casa maldiciendo mi vida sin tener noción de las palabras que escupía . Encendí el cigarro y arrojé la cerilla sobre la cama. Instantes después ardía como una pira funeraria. Suerte que mi esposa despertó y saltó sorprendida por el fuego; aún tuvo tiempo de abofetearme mientras pedía ayuda. No hizo falta avisar a los bomberos, mis propios hijos vaciaron unos cuantos cubos de agua acabando con las llamas. Poco después, avergonzado, yo mismo pedí que me encerraran en este manicomio donde una vez sobrio, la carencia el alcohol terminó por volverme loco de verdad. Aquel estado de nervios me azotaba; todo mi cuerpo temblaba sacudiendo cada pedazo de mi carne produciendo dolorosos calambres. La dentadura, extremadamente estropeada, rechinaba constantemente.

Tuvieron que pasar muchos días para que desaparecieran aquellas visiones que me amedrentaban y por fin alcanzar cierta templanza con la que iniciar un pequeño descanso.

Pero aquello ya no era vida. Vivía en una ensoñación constante; era como un letargo pausado. el tiempo se relativizó impidiéndome reconocer la noche y el día. Andaba arrastrando  los pies sin fuerzas... Cruzar la mirada con la de mi mujer o la de mis hijos me inquietaba y me avergonzaba terriblemente. 

No lo sabía, pero el final estaba cerca. El acto de locura final estaba por llegar. No fue demasiado difícil: me senté en el alfeizar de la terraza, levanté la mano que sujetaba aquella botella y tragué hasta acabar con mi asesino... El tímido impulso de bajarla, arrastró mi cuerpo que cayó al asfalto en una posición imposible produciendo un último sonido... el sonido de la muerte, el craquear de multitud de huesos rotos.

Así acabé con el drama de mi vida y ahora desde este frío lugar, desearía estar vivo y poder abrazar a mis seres queridos y pedirles perdón por haberles causado tanto sufrimiento. Todos los días hablo con ellos. A veces pienso que reciben mi mensaje: os amé profundamente mientras viví... hasta que morí en vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario