
Seguramente se me ha pasado la edad para eso, pero no para hacer una pequeña disertación lingüística. El léxico o palabras que componen el diccionario de una lengua, es algo etéreo pero completamente vivo. De hecho la R.A.E. se reúne constantemente para ir añadiendo esas nuevas palabras que surgen espontáneamente a sus ya anchos tomos. Sin embargo, hay una que se escapa porque al parecer no ha salido de las isoglosas murcianas. Se trata de “botelleo” que sigue saliendo en las páginas que disponen de corrector ortográfico con una rayita roja por debajo. Se ha impuesto, para algo que no lo es, una acepción de “botellón” que no es otra cosa que el aumentativo de botella. Yo, no es que lo crea, sino que estoy seguro de que cuando los chicos salen con las botellas por esos jardines de Dios, lo hacen con botellas grandes y pequeñas; de tres cuartos, quintos y tercios. A nadie se le ocurre decir que una botella de ginebra o de ron o de cualquier composición etílica sea un botellón. El botellón lo es, esa de refresco que cuanto más grande mejor. Y luego lo más importante, se trata de una acción, es la acción de andar con botellas, pasarse la botella, echarse de la botella, tomar un trago desde o en la botella. Y aquí quería llegar: las acciones son verbos y por lo tanto hay que inventarse un verbo y sin duda el que cuaja aquí es el de “botellear”, con todos sus modos y tiempos: yo botelleo, tú botelleas….., aunque luego el verbo se convierta en nombre al anteponerle el artículo: “el botelleo”.
A ver si esto rula y se empieza a llamar a las cosas como hay que llamarlas y evitamos el peligro de que en Murcia llamemos “botellón” al “botelleo”, y no me gustaría.
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