José Manuel, con las manos hundidas en los bolsillos, otea distraído el
puerto deportivo. La vista desde el último piso del edificio empresarial es magnifica, aunque esta mañana la contaminación en el cielo de Barcelona no deja ver
nítidamente el horizonte. Pensamientos inanes cruzan su mente cuando
la puerta de su enorme despacho se entreabre y asoman un par de cabezas:
-¿Se
puede? -Preguntan efusivamente Ignacio y Miguel que sin esperar respuesta entran y saludan con una abierta carcajada a José Manuel, que de inmediato pulsa el
interfono:
- Señorita Mari Luz: no me pase llamadas hasta nueva
orden.
- Mari Luz ha salido a desayunar. Soy Electra, señor. No
se preocupe.
- Perfecto Electra. Haga el favor de traernos café.
La reunión transcurría de idéntica forma que en años anteriores.
-Mis órdenes son que os transmita que el beneficio de
este año tiene que incrementarse al menos un cinco por ciento. Señores… Parece
que la codicia no tiene fin. -Dice Ignacio.
- A mí me parece bien, no tengo órdenes precisas, salvo
que procure que no hayan pérdidas. -Añade José Manuel. -Mi inmediato superior
está preocupado. Dice que estamos apretando demasiado el bolsillo de los ciudadanos españoles.
- No digas tonterías. -Comenta Miguel. Los españoles son más
necios de lo que piensas. Además siento deciros que mis directrices son que
los recibos se aumenten un veinte. Tenéis que tener en cuenta que nosotros repartimos
con los italianos.
José Manuel que en esta ocasión hacía las veces de anfitrión
tomó la palabra:
-Okey. Señores, entonces, subimos un veinte por ciento
este año. Transmitiré nuestra decisión a Josemari por si en Moncloa nos ponen
reparos.
-Señorita Electra: póngame con Moncloa…… Sí, sí…. con el
directo…


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