Como perros moviendo la cola. Así se comportaban las docenas de calderones que rodeaban el barco, incluso el sonido que emitían al utilizar su espiráculo recordaba a ése resoplar nasal que tienen los canes cuando muestran su afecto y saludan a sus amos.
Eran algo más de las nueve cuando llegamos al puerto deportivo de Mazarrón. Subimos a la embarcación que nos transportaría mar adentro. Rosa, una guapa y simpática bióloga, nos dio unas nociones básicas de los comportamientos de los distintos animales marinos que podríamos encontrar en nuestro viaje. Transcurrido un buen trecho se produjo el avistamiento. Grandes y pequeños ejemplares de éste, para mí, desconocido animal, se acercaron a nosotros y curiosearon lo que les dio la gana. No sé quién se alegró más de aquel encuentro, si ellos o nosotros, lo que sí es seguro es que fue un momento feliz para ambas "especies". Mi pequeña Alicia pensó que los delfines bebés hablaban con sus mamás y les decían: -Mira, mamá llevan una niña pequeña. haciendo un paralelismo absoluto de lo que su madre le había dicho a ella momentos antes; algo así como: -Mira Alicia, ese delfín lleva un bebé...
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