viernes, 18 de mayo de 2012

La casa vacía de Josep Renau



En esa casa tan desabrida y peculiar de la calle Josep Renau, el aire rancio y húmedo, huele a ceniza vieja y ceras ardiendo que se mezclan con  un aroma singular que no consigo identificar. Una venda aterciopelada tapa mis ojos que sólo perciben el titilar de las llamas que adivino alrededor. Sin duda, decenas de cirios iluminan el lugar.  Las suaves manos que me sujetan, me llevan a otra estancia mucho más cálida.
Ese extraño olor ahora es mucho más penetrante. Me irrita no saber de que se trata.
Escucho el canto de personas que me rodean. No, no es un canto, es un retintín, un sonido gutural que sube de tono y retorna al inicio secuencialmente.
No entiendo por qué estoy desnuda. Alguien me toma en brazos y tiende mi cuerpo boca arriba. De forma simultánea percibo como me atan de manos y píes. La espalda queda arqueada porque han atado mis manos por encima de mi cabeza… y me duele… tal vez por eso, alguien coloca algo bajo mi trasero.
-¡Dios! Estoy siendo violada-. Trato de evitarlo pero es inútil, mi grito se ahoga y no consigo emitir ningún sonido, el retintín musical se acelera, encima de mi cuerpo alguien me penetra, copulando de una manera tosca y grosera…
Todo termina, lloro. Las lágrimas resbalan sucias por mis mejillas. De pronto, una mueca de terror ocupa mi cara… -ese olor, ese persistente olor es un aroma lácteo…, caprino…

-Cuando cuente tres chasquearé los dedos y despertará... uno, dos, tres...

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