En esa casa tan desabrida y peculiar de la calle Josep Renau ,
el aire rancio y húmedo, huele a ceniza vieja y ceras ardiendo que se mezclan
con un aroma singular que no consigo
identificar. Una venda aterciopelada tapa mis ojos que sólo perciben el titilar de
las llamas que adivino alrededor. Sin duda, decenas de cirios iluminan el lugar.
Las suaves manos que me sujetan, me
llevan a otra estancia mucho más cálida.
Ese extraño olor ahora es mucho más penetrante. Me irrita no
saber de que se trata.
Escucho el canto de personas que me rodean. No, no es un
canto, es un retintín, un sonido gutural que sube de tono y retorna al inicio
secuencialmente.
No entiendo por qué estoy desnuda. Alguien me toma en brazos
y tiende mi cuerpo boca arriba. De forma simultánea percibo como me atan de
manos y píes. La espalda queda arqueada porque han atado mis manos por encima
de mi cabeza… y me duele… tal vez por eso, alguien coloca algo bajo mi trasero.
-¡Dios! Estoy siendo violada-. Trato de evitarlo pero es
inútil, mi grito se ahoga y no consigo emitir ningún sonido, el retintín
musical se acelera, encima de mi cuerpo alguien me penetra, copulando de una manera
tosca y grosera…
Todo termina, lloro. Las lágrimas resbalan sucias por mis
mejillas. De pronto, una mueca de terror ocupa mi cara… -ese olor, ese persistente
olor es un aroma lácteo…, caprino…
-Cuando cuente tres chasquearé los dedos y despertará... uno,
dos, tres...

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